Un día feliz por que sí

Hoy domingo estaba trabajando con el portátil, pero por lo menos era al aire libre… así que me improvisé una oficina un poco rara con una esterilla sobre el cesped (la gente sale feliz en las fotos tumbada en el cesped pero nadie se atreve a aclarar que el cesped de los jardines pincha como un condenado y que luego salen montones de erupciones alérgicas por todos lados).

Pues eso, que mientras estaba así, tumbado con el portátil y sintiendo el solecito en la espalda, puse un disco de coros del ejercito rojo y en un momento sonaba una canción rusa cantada por un bajo voz poderosa y emocionante (aquí la tienes si quieres oirla)… no sé por qué me dió por levantar la vista y al ver el cielo, el sol, los árboles, el campo, todo con esa música tan cargada de nostalgia, me dió por sentirme muy muy feliz, ni siquiera sé por qué. Me he sentido tan afortunado de estar aquí en este momento viendo tanta belleza y sintiendo el calorcito del sol… que se me salieron las lágrimas, en una mezcla de tantas cosas alegres y recuerdos de otras que me evocaba esta música…

Esta luz y estos colores…

Ha sido un estupendo regalo inesperado este día feliz… y eso que lo recibí sin afeitarme…

Hombre

En estos tiempos de cambio hay cambios a mejor, cambios a peor, y cambios sin rumbo definido.

Desde que se acuñó la palabra “feminismo”, se ha avanzado en despertar la conciencia sobre un problema tan grande como la mitad de la humanidad y tan antiguo como la misma historia: la desigualdad. Me parece un buen cambio que aumentará el nivel de felicidad en la humanidad, y aunque solo estemos al principio del mismo,la nave de la historia puede estar virando su proa hacia mejor rumbo poco a poco.

Sin embargo, hay otro cambio que acompaña a este y que ahora mismo no se sabe a dónde conduce. Es el camino del hombre.

HOMBRE. Es una palabra tan grande y tan hermosa como MUJER. Nos deberíamos emocionar al pronunciarlas por todo lo que contienen ambas dentro de sus escasas letras. Y sin embargo, algunas políticas de género y algunos discursos encendidos están usando la primera de ellas como sinónimo de cosas como VIOLENCIA, DOMINACIÓN, ABUSO. ¿No es muy triste? Al menos a mi me lo parece, y por eso no sé qué hacer, cómo llamarme entonces, si renunciar a denominarme HOMBRE e inventarme otra palabra… o resignarme… o indignarme…

Me parece que, lo mismo que es imprescindible educar para que nos arañe el oido cuando alguien asocie la palabra “MUJER” con “tonta”, “barbie”, “ama de casa”…, que es necesario que saltemos en defensa de la plenitud de la palabra “MUJER” (y de la mitad de la humanidad que representa), no es menos necesario educar para que no nos quedemos en silencio cuando se asocia la palabra “HOMBRE” con “energúmeno”, “semental”, “violento”, “insensible” y otras lindeces que ahora aparecen incluso en textos legislativos asumiendo que los hombres son pobres diablos que están abocados a una naturaleza animal debido a lo fuerte de sus instintos salvajes y a lo limitado de sus posibilidades para contenerlos.
Y es que en general duele más ser hombre de lo que parece desde fuera, pero nadie nos pregunta por ello…

Cuanto peor… mejor

Tiempos difíciles…
..a nadie le gusta vivirlos en primera persona. ¡Qué fácil es vivir sin problemas! La vida parece color de rosa y uno tiene tiempo hasta para preocuparse de las cosas más tontas de la vida. Que si el vecino del lado pone la tele muy alta, que si el repartidor deja la furgoneta en medio del paso de peatones…

Que lejos aquellos tiempos de paz…

Ahora, en medio de la tormenta, en un pequeño rincón de la mente del navegante, entre el pavor que provocan las olas gigantescas y la amenaza de hundir el barco, sigue la imagen de aquel día tan remoto en que la mar reflejaba el horizonte celeste como un espejo.

Vivir en los tiempos del miedo… habrá que probarlo…

Y sin embargo, en los momentos difíciles está la verdadera esencia de la vida y la más rica de las experiencias.

Nos encontramos amigos que desaparecen cuando los necesitamos, que nos negarán tres veces seguidas, y aún así tendremos que elegir entre aceptar su debilidad tan humana como las nuestras o enterrarlos para siempre bajo el dolor más vergonzoso que es el de haber confiado.

Sorprendentemente, algunas personas que tan solo pasaban a nuestro lado nos revelarán que somos merecedores de la mayor de las lealtades, nos levantarán del fango y nos limpiarán la cara para poder ver nuestra sonrisa cuando ya habíamos perdido la esperanza.

¡Que rara es la gente! Qué complicada es la lealtad, el miedo, la sinceridad, la debilidad, … con lo sencilla que es la amistad.

En los tiempos difíciles, lo auténtico se destaca sobre lo efímero y lo banal y el oro flota sobre la m….a (perdonen la expresión pero no encuentro otra).

¡Qué calor!

Ya está aquí “la caló” como se dice literalmente por aquí.

Esto es terrible… si todavía estamos en Mayo, ¿como va a ser Agosto?

Como siempre, caluroso. Pero es que con el “peazo invierno” que hemos tenido de frío, uno se había olvidado de lo que es pasar calor.

Pa refrescarme, un vídeo fresquito fresquito con muchos cubitos de hielo, en Sierra Nevada, hace unos meses…

Aaaaaaahhhhh, ¡qué fresquito!

¿Y si resultara que Ulises se aburría?

Me acaba de venir una terrible revelación. ¿Y si resulta que Ulises en realidad se aburría en casa más que una ostra en el desierto? Habría saltado entusiasmado cuando sus compañeretes de juergas bélicas pasaron por Itaca a recogerlo en sus bólidos a remos.

Ayer hablaba de eliminar el deseo para reducir la frustración inherente a la vida. Pero, ¿de verdad tienen razón los orientales sobre lo nefasto del deseo?
¿Qué sería la vida sin un poco de sabor picante a desafío? El exceso de deseo sin sentido (el capricho) es la principal enfermedad espiritual de occidente, pero seguir los deseos profundos que brotan del alma es parte de la condición humana y del placer de estar vivo.

¿Existe acaso alguna forma más hermosa de ser infeliz que perseguir la felicidad?

Qué latazo

Sinceramente debo pedir disculpas por el post de abajo.

No quiero parecer erudito, ni serlo, pero me enrollo más que una persiana. Confieso que me gusta escribir con una función más terapéutica que otra cosa… de verdad, mi intención no es que nadie lo lea, estoy hablando solo, para deshacerme de algunas ideillas que me molestan en la sesera.

Tendré que poner señales de advertencia de peligro delante de los artículos latazo. 😉

Aprendiendo a ser felices


Un día estupendo de primavera. Bueno, solo lo estropeó un poco el viento algo frío. Y es que ha nevado esta semana en las cumbres de Sierra Nevada, pero también a 2.000m en la Maroma y la Sierra de las Nieves. Vamos, aquí al lado. Un día estupendo, ¡sí señor! Sol, viento, mar, el canto de los pájaros, tiempo, un libro, un sitio para estar, libertad para estar, y una vida entera por delante para vivirla. ¿Qué mas se puede pedir?

Eso es lo curioso. Siempre queremos más, siempre nos preguntamos qué hay detrás de aquella montaña en lugar de contemplarla desde aquí y reposar, hacer inventario, curar nuestras heridas o simplemente sentir el calor del sol y el efecto benefactor del descanso en nuestros músculos.

Konstantinos Kavafis (Κωνσταντίνος Καβάφης) nos descubría en su poema Itaca el verdadero significado de las tribulaciones humanas, el de la iniciación a la vida mediante las experiencias. Sin embargo, todos caen (caemos) fácilmente en la confusión de ensalzar el viaje frente a la contención del viajero que mira el horizonte con nostalgia pero prefiere contemplar día a día como el sol sigue su camino por el cielo sin tratar de seguirlo.

Kavafis no dijo en ningún momento que el viaje sea mejor. Ni siquiera necesario. Ni que la experiencia sea preferible a la contemplación. Sin embargo, en nuesta aburrida sociedad, dispuesta a inventar en seguida algo para distraer la mente, caemos en seguida en la tentación de justificar con este poema la inquietud continua y pintarla de un bonito color “crecimiento personal” para disfrazar el sinsentido: la acción continua sin objetivos.

Quizás, detrás del poema de Kavafis se esconde una fina ironía difícil de captar por los modernos e inquietos aprendices de Ulises:
1. El rey de Itaca no tenía gana ninguna de salir de casa para irse con sus amigos a la guerra (posíblemente le pillaron ya en pijama y a punto de cenar). Cuando es conminado por Agamenón y Menelao a unirse a la expedición se finge loco, pero es descubierto y a regañadientes tiene que dejarse sin acabar la cena que su mujercita le acababa de preparar para irse a una guerra que ni le importa ni le gusta. Vamos, que tonto no es.
2. Cuando consigue liberarse de las obligaciones, varios años después, ya es tarde. Aunque desea estar en casa, en bata y pijama, y sentarse con una cervecita frente a la tele y continuar viendo la pelicula que se ha dejado a medias cuando se fue, no puede hacerlo porque los problemas no le dejan retomar las cosas donde las dejó.
3. Cuando por fin consigue volver ya no está para muchos trotes y además se encuentra la casa hecha unos zorros. Además, llega un poco tarde para retomar su vida por donde iba antes de marcharse. El y su mujer son ya muy mayores. Telémaco se ha hecho todo un hombretón y el se ha perdido la adolescencia del hijo. Bueno, por lo menos no tuvo que dejarle el coche los sábados por la noche.

El kit de la cuestión no es que quiera hacerse más sabio con el viaje iniciático. El meollo del asunto es el antagonismo entre querer y poder. Ulises, más que a los héroes, representa a la persona común y corriente que nunca puede hacer lo que quiere. No se trata de hacer el primer capricho que se le pasa por la mente, sino lo que necesita para ser feliz. Pero, ¡triste es la vida! Las cosas siempre le salen al revés y nunca viaja en la dirección que quiere.
Conclusión: “Carpe diem”. Disfruta lo que puedas de lo que te toca vivir cada día porque en este mundo hay poca justicia y en general el destino es muy cruel con los humanos por mucho que se esmeren en conseguir la felicidad.

No quiero decir que vivamos en un valle de lágrimas. Ciertas tendencias actuales de autoayuda nos incitan a ser felices creyendo ciegamente en la bondad del universo y de las personas, lo que nos lleva indefectiblemente a una bofetada segura del destino. La diferencia es el matiz de trata de reducir las espectativas para no frustrarse demasiado. O sea, ser intensamente feliz porque apreciamos las pocas migajas que el universo nos regala cada día.

No quiero parecer aguafiestas. A veces sobran las razones para la felicidad, y a veces no sobran. El problema es como sobrevivir en esos momentos bajos. No hace falta mucha práctica para ser feliz cuando sobran las razones…