Invisible

Me acabo de dar cuenta de algo curioso mirando mi galería de flickr.

Mis fotos. Me he fijado en mis fotos y cómo me describo mediante ellas.
El caso es que es verdad que todas ellas expresan cosas de mí. Ninguna es falsa. Quiero decir, ninguna de ellas está hecha sin que tenga algo que ver conmigo. Ninguna es un montaje estético, o en todo caso, lo más que puede llegar a ser es una escenificación de algo tan sutil que no puede ser fotografiado por casualidad en la calle.

Lo curioso es que nunca aparece nadie. Nadie conocido, quiero decir. Pero incluso casi nadie. Incluso yo mismo. Es como si fuera invisible.

No es casualidad. No es más que un reflejo de estos meses de crisis. He dejado desmoronarse mis amistades sin preocuparme demasiado. Bueno. Al principio sí me preocupaba, me preocupaba que ésto, como tantas otras cosas se desmoronara, porque ya había tantas cosas rotas que otra más podía suponer pasar del límite de lo que podría llegar a recuperar con el tiempo. O quizás de lo que podía soportar perder.

Pero ahora las cosas son de otro color. Son iguales, pero las veo de otra manera. Nada se ha desmoronado. Solo se ha caido lo que estaba roto, o mal sujeto a los cimientos. En realidad, ha sido como una limpieza dónde había demasiadas cosas.

Ahora queda el vértigo de ver tanto vacío. Pero no acabo de entender una cosa. No entiendo por qué no me decido a ponerme en marcha hacia ningún lado. Y es que ahora no tengo claro si hay que reconstruir lo que ya había o algo totalmente distinto.

O no hay nada que reconstruir y todo está bien. En todo caso, siento vértigo. No estoy acostumbrado a los terremotos. Pero vienen muy bien para poner al aire los cimientos y saber sobre qué se está edificando el resto.

Espero encontrar esos cimientos. A ver dónde estarán…

De mudanza

Hoy es un día raro.

Me ha llegado por fin una noticia que estaba esperando desde hacía meses y que determina de manera importante cómo será el futuro. No solo en los meses inmediatos que van a seguir, sino incluso mi vida entera.

Y sin embargo, emocionalmente no me siento distinto. Incluso siento que no estoy especialmente motivado para hablar hoy de nada. Es algo tan raro. Lo exterior no se corresponde con lo interior.

Y es que me estoy dando cuenta de que a pesar de estar en una época un poco negra, algo ha cambiado. Lo nuevo es que mi estado de ánimo ya no depende en gran medida de lo que pasa fuera, sino de lo de dentro. ¿Será esto lo que llaman por ahí paz interior? Puede ser. El hecho es que algunas cosas me siguen afectando, pero no las que uno pensaría obviamente, sino cosas triviales, a las que nadie daría importancia.

De todas maneras, hace unos días que había comenzado a hacer cambios, y hoy voy a hacer uno. Me mudo de mySpaces a Blogger. Así que durante unos días me dedicaré a llevar mis pensamientos convenientemente empaquetados en cajas de un blog a otro y los iré instalando por aquí. Todavía no conozco mucho este blog, así que no sé dónde ni como los instalaré.

Eso sí, tendré que tener cuidado de ponerles su fecha original para preservar el órden de las cosas… aunque se me está ocurriendo una idea… si Cortazar puede escribir una novela desordenada y causar admiración, ¿por qué no puedo yo reorganizar mis reflexiones cómo me dé la gana de nuevo? Bueno, lo que no espero es causar admiración, más bien un poco de confusión. Pero eso siempre es bueno.

El fondo del pozo

Pensándolo bien, en el fondo del pozo no se está tan mal.

Sí. Ha sido toda una vida de entrenamiento meticuloso para temer más que a nada estar en el fondo del pozo. Toda una sociedad contínuamente histérica, orientada a progresar, a ganar, a acumular, a preparar una cómoda jubilación bañada por el color dorado del éxito… mientras no haya un tropiezo y se caiga uno al pozo. Entonces, ¡ay amigo! ¡ay querida!, entonces ya estás fuera del buen camino.

El fondo del pozo es la vergüenza, la humillación, el desprecio, la pobreza, la soledad… es lo peor.

¿O no?

Creo que lo peor de todo es tan solo el pensamiento de estar ahí, en el lugar en que se ha temido estar durante toda la vida.
Lo peor es solo la muerte. Bueno, hay mil cosas terribles, pero la muerte es lo peor de lo peor.

El fondo del pozo es oscuro cuando uno acaba de caer, pero a medida que pasan las horas, los días, los años, los ojos se adaptan a la penumbra y se descubre con sorpresa una luz suave que se filtra desde arriba, tenue, pero que precisamente por eso nos deja distinguir los infinitos y sutiles matices de gris que hay entre el lado blanco y el negro.

En el fondo del pozo hay muchas cosas interesantes. Hay soledad y silencio, que son importantes para oir nuestra propia voz, y muchas otras voces sabias que nunca habíamos oido. Hay tiempo, todo el tiempo de nuestras vidas por delante, y paciencia, muy abundante, se encuentra por doquier y solo hay que saber usarla con sabiduría. No hay que tener prisa.

Por el fondo del pozo no pasa mucha gente. Nadie vendrá a buscarnos allí, en medio de nuestro dolor. Incluso habrá gente que añadirá una nueva pincelada a ese dolor negándonos tres veces, o incluso más. Pero será enriquecedor, porque veremos en la debilidad humana que los que están fuera del pozo tienen más miedo que nosotros. Que el éxito es solo un barniz, un estado y no una condición.

En el fondo del pozo hay muy pocas cosas. No sobra nada y, por eso, la mayoría de las cosas que vemos son auténticas. Las palabras designan esas pocas cosas, y las que no están no necesitan nombrarse. Ahi es donde amistad significa poco más que lealtad y nada más. Debilidad significa limitación. Y traición significa miedo, mucho mucho miedo.*

A mí me preocupa mucho una cosa en particular. Creo que el problema no es salir del pozo. Eso llega tarde o temprano. El problema es salir sin dejarse en el fondo la dignidad, la humanidad, la confianza en los demás, la ilusión por vivir, la capacidad de dar y recibir amor.

El problema es que si nos dejamos alguna de esas cosas en el fondo, llevaremos el pozo en nuestra alma mientras caminemos sobre la faz de la tierra.

*Gracias Carlos por tus reflexiones sobre el miedo.



Septiembre

¿Recuerdas la casa de la abuela?

El encalado anaranjado con el sol del atardecer.
Aquel aroma de las higueras del huerto entrando a través de las ventanas abiertas de par en par.
¿Recuerdas los primeros grillos de la noche cantando extrañamente en los últimos rayos de sol de la tarde?
¿Recuerdas aquella buhardilla llena de misterios, de campo y de niños que a punto estaban de dejar de serlo?

¿Recuerdas aquel primer y último beso?

Angeles

¿Como podremos distinguir
los ángeles que el destino,
o quizás el cielo,
pone en el camino de nuestras vidas?

¿Es posible aceptar que estos ángeles
solo pasen por nuestras vidas
para ayudarnos y no para quedarse?

Es tan grande la tentación de amar a un ángel
y es tan doloroso olvidar a un ángel.