Nunca te besé en Florencia

Nunca te besé en Florencia,
encerrada en tu miedo a tu locura
escondida de cada examen
sin preparar en un día de lluvia,
y yo… yo ni siquiera te conocía,
ni siquiera te recordaba todavía.

No recuerdo cuándo estuve en Florencia,
traté de preguntarle a las piedras,
a las calles amanecidas,
al puente dormido
y al agua cansada
y ni recordaban si aún llorabas,
ni sabían a quien amabas.

Nunca me viste en Florencia,
porque la primavera te llevaba volando
riendo feliz de verte enmarcada
por tanta belleza de flores blancas.
Ya no quedaban ecos de mis pisadas
sobre el rojo atardecer de la plaza.

¡Qué feliz quien te hubiera besado en Florencia!
¡Qué feliz, quien no te pudiera conocer todavía!