En busca de mi sofá (2)

 Creo que he encontrado mi sofá.

Y lo más simpático de todo es que creo que lo encontré hace ya bastante tiempo, casi dos años, a finales de un febrero que se prometía tan anodino como el resto del invierno que terminaba.

 No he encontrado mi sofá poco a poco, sino que sucedió inesperadamente, inexplicablemente, como resultado de muchas pérdidas y como preludio de muchos encuentros.

Y sin embargo, he tardado mucho tiempo en darme cuenta no solo de que era el sofá perdido, sino incluso de que era un sofá. Tan solo me di cuenta ayer, de sopetón, como un jarro de agua fría, no porque sea malo, porque la sorpresa fue agradable, sino por haber tardado tanto en darme cuenta de que llevo tanto tiempo delante de mi sofá.

Es un sofá de color blanco, y da la impresión de ser confortable y de proveer una mantita para poder pasar un sábado lluvioso y frío en la mejor y más calentita de las compañías. Y no solo un sábado; también un domingo y quizás hasta largas temporadas refugiados de los peores temporales de lluvia.

Es un sofá muy largo, y al otro lado te he encontrado… ¿Quieres también encontrar de nuevo tu sofá?