Lo que yo más quiero

Por un momento he tenido al lado juntas y a la vez a algunas de las personas que más quiero.

Iba a decir que por un momento he sido muy feliz. Más de lo que nunca me hará poseer nada ni lograr ningún objetivo. Sincera e ingenuamente feliz, como un niño.

Pero no es correcto decir que solo he sido feliz solo en ese momento. Sigo siendo feliz. Aunque ya no estén todas junto a mí, no hay ninguna tristeza. Ni una sombra de ella.
¿El secreto? Que sigo queriendo. Y es que me he dado cuenta de que lo que me hace feliz es querer a las personas que más quiero, y eso no tiene que tener fin.

Por eso, aun soy feliz, muy feliz…

Lloviendo

Está lloviendo.

Me encantan los días de lluvia. Sí. Sé que para salir a la calle e ir a trabajar son una pesadilla. El tráfico, los charcos, los paraguas mojados.

Pero me encanta ver llover en casa, sentado en el sofá con una mantita, viendo a través de la ventana cómo cae el agua en esta rara oscuridad de un anochecer a mediodía. Y me sirvo una taza de té y me gusta imaginarme que estoy en una casita en el campo en Dinamarca, en verano, viendo llover en el jardín y sobre los prados verdes ondulados más allá de la valla de listones recién pintados de blanco. Y también sobre la playa de arena clara que se adivina en el horizonte, donde el mar en calma chisporrotea cuando las gotas de lluvia caen en medio de sus circulitos, que las reciben antes de meterse en un abrazo juntos en el agua gris azulada.

Cada círculo y su gota. Juntos. Fundiéndose en una misma ola, como un beso inacabable, de aguas que se buscan sin cesar.

Y yo me pregunto, ¿querrá tanto el agua del mar a la de la lluvia como yo a tí?