En busca de mi sofá

No sé como explicarlo, pero he perdido mi sofá.

Es una situación absurda, ya lo sé. Sobre todo si explicara las circunstancias concretas.

Es un proceso que me ha llevado años, poco a poco, pero lo he ido perdiendo, y no me he dado cuenta hasta hace menos de una semana, de sopetón, como todos los malos tragos de la vida.

No podría explicar claramente cómo se siente uno sin su sofá. Imagina un día de lluvia de mediados de febrero, mejor un sábado. Después del desayuno sientes un frío que pela y te apetece tomar tu mantita y acurrucarte en el sofá…. ¡Pues ni manta ni sofá! Solo desamparo, una sensación de desprotección contra el frío, contra la lluvia, contra el cansancio. Una condena eterna a vagar errante de pié por la vida sin reposo. Porque un sofá es bienestar, es reposo, es hogar, es… lo que he perdido.

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